Peregrinações de uma pária

Flora Tristan

Introdução

por Roland Forgues

 

El discurso "feminista", social y político de Flora Tristan

 

Flora Tristan nace en Paris el 7 de abril de 1803. Es hija natural de Mariano Tristán y Moscoso, coronel del ejército español, que pertenecía a la aristocracia arequipeña del Nuevo Mundo, quien se casó religiosamente con la francesa Anne-Pierre Laisney en Bilbao en 1802, antes de instalarse en Paris en 1803, pocos meses antes del nacimiento de Flora.

 No hubo matrimonio civil. De modo que en 1807 cuando el coronel Tristan y Moscoso muere súbitamente en Paris, sin dejar testamento alguno, empezará para Flora  y su madre una vida muy difícil y azarosa. Flora se descubrirá apátrida, 'paria", como se llamará más tarde ella misma, “marcada por el sello de la ilegitimitad”[1].

 En 1820, es decir muy joven, tendrá una experiencia de obrera en el taller del pintor y litógrafo André Chazal con quien se casará en 1821 y de quien se separará en 1825, estando embarazada de su tercer hijo. Algunos años más tarde, en 1833, emprenderá un viaje al Perú en busca de un reconocimiento familiar y de una herencia que le serán negados por la familia paterna quien no dejará de considerarla como hija bastarda.

 Desengañada y sin recursos económicos, Flora Tristan tendrá que regresar a Francia en julio de 1834. Allí redactará y publicará en 1837 su libro Peregrinaciones de una paria[2] donde relata esa experiencia rica y traumática a la vez que fue ese viaje y su contacto con la aristocracia criolla arequipeña y la clase gobernante de Lima.

 Si bien la mayoría de los biógrafos de Flora Tristán y estudiosos de su obra han subrayado con razón que la radicalización de su discurso "feminista", social y político se produce precisamente a partir de su viaje al Perú donde permanece de setiembre de 1833 a julio de 1834[3],  conviene señalar también que la toma de conciencia de la condición femenina y obrera se inicia en ella más tempranamente como consecuencia de su precoz estado de huérfana de padre , de su experiencia de obrera, de su fallado matrimonio; asimismo como consecuencia de sus primeros contactos con los socialistas utopistas, saint-simonianos y fourieristas, allá por los años 1830, y probablemente también con los círculos feministas de la época animados por Louise Dauriat o Egérie Casaubon.

 La ambivalente experiencia de su viaje al Perú en que, por la intransigencia de su tío Don Pío de Tristan, hermano menor del padre fallecido, se frustran sus afanes de reconocimiento familiar y social en la aristocracia criolla arequipeña, le permitirá, entre otras cosas, reflexionar a partir de una vivencia propia sobre los problemas de identidad de género, los fenómenos de discriminación, marginación y exclusión a la vez sexuales y sociales de la mujer que se dan en las sociedades modernas dominadas por los hombres, y reclamar sin tregua ni descanso la igualdad absoluta entre varón y hembra.

 "Reclamo derechos para la mujer -dirá Flora Tristan  en 1843 en la Unión obrera- porque estoy convencida de que todas las desgracias del mundo proceden de este olvido y desprecio que hasta ahora se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer - Reclamo derechos para la mujer porque es el único medio para que se tome en consideración su educación y porque de la educación de la mujer depende la del hombre en general, y particularmente la del hombre del pueblo. - Reclamo derechos para la mujer porque es el único medio de conseguir su rehabilitación ante la Iglesia, ante la ley y ante la sociedad y porque es necesaria esta previa rehabilitación para que los propios obreros sean rehabilitados"[4]

 No me parece mera casualidad que la primera publicación de Flora Tristán, a su inmediato regreso del Perú, sea Nécessité de faire un bon accueil aux femmes étrangères (1835) (Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras) , un modesto pero provocador folleto que saca las conclusiones humanas, sociales y políticas de una dolorosa aventura que se verá relatada dos años más tarde en Peregrinaciones de una paria  [5].

 Pero este modesto y provocador folleto contiene también en germen las grandes ideas sobre la emancipación de la mujer y del trabajador que se verán desarrolladas y sistematizadas en las obras siguientes, Mephis o el proletario , Paseos en Londres, y  Unión obrera  [6].

 En Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras, el discurso de Flora Tristán trasciende la experiencia individual vivida en los mencionados lugares, principalmente el Perú, para abarcar una experiencia colectiva de género, teorizada a escala mundial a partir de Francia.

 La misma Flora Tristán lo confirma al hacer extensiva a las otras naciones del mundo, incluidas por supuesto las naciones americanas, el caso de Francia para denunciar la deplorable condición de la mujer en general [7].

 Se trata de un discurso que se desarrolla desde la triple perspectiva de una reivindicación  "feminista" sobre el estatuto y el rol de la mujer en las sociedades modernas, una reivindicación social sobre la condición obrera, y una reivindicación política sobre la construcción de una nueva sociedad universal.

 Desde las primeras líneas del documento la franco-peruana invierte la jerarquía de los valores de la sociedad patriarcal tradicional otorgándole a la mujer la misión de recomponer las sociedades  divididas y violentadas por la explotación  [8].

 Naturalmente los cambios sociales serán analizados a lo largo de todo el trabajo desde el punto e vista de la mujer considerada  ya no como objeto, sino como sujeto de la Historia.

 Flora Tristán ve a la mujer, desde la perspectiva de género, como una categoría social de alguna manera homogénea, víctima de las "costumbres sociales" y, desde esta perspectiva, le atribuye el rol de agente principal del cambio económico y social[9].

 Más allá de su carácter testimonial, el folleto participa del estudio sociológico y del ensayo político."Nuestro propósito, aquí, no es hacer una brillante utopía, describiendo al mundo como debería ser, sin indicar el camino que podrá llevarnos a realizar el hermoso sueño de un Edén universal"[10], dice Flora Tristán .

 En una palabra, en pleno auge del socialismo utópico, lo que procura formular la escritora es "una utopía realizable", como la concebirá un siglo más tarde Mariátegui[11], partiendo de lo que ella misma llama "una parte de la humanidad y de sus desgracias", pero apelando fundamentalmente a la elevación de conciencia de mujeres y hombres: " A las mujeres que no conocen, por experiencia propia, la desgracia de esta posición; a los hombres que, a pesar de todos los esfuerzos que puedan hacer, no podrán comprender cuán duro es hallarse mujer sola, y extranjera; a todos ellos dirigimos nuestras palabras y nuestro llamado. Nuestras ideas nos son dictadas por la filantropía mejor sentida, nuestro propósito es sano; por ello, lo esperamos, Dios nos dará palabras que tendrán eco hasta el fondo de los corazones sensibles, de todas las almas generosas"[12].

 Ella misma nos da la clave de su búsqueda al escribir las siguientes palabras que pueden leerse ya como una especie de manifiesto político en el que se procura conciliar teoría y praxis, espíritu y materia, razón y utopía en el marco de una reflexión sobre la realidad concreta:  "Pero basta de hablar de corazón; aquellos que son sensibles nos han entendido ya. En nuestro siglo positivo, hay que dirigirse también a la inteligencia: cuidado con ser confundida con esos metafísicos que sueñan más de lo razonable; tratemos de hacer que nuestras teorías no sean asimiladas a las utopías morales que se levantan por todas partes, y caen en seguida porque los autores han carecido de previsión y de un espíritu matemático"[13].

 Por ello el discurso de Flora Tristan, directa o indirectamente condicionado por los valores de la cultura judeo-cristiana que es la suya, oscila siempre entre el radicalismo feminista, el filantropismo social y el elitismo intelectual.

 Desde el punto de vista feminista, afirmar la "necesidad de acoger bien a la mujer sola y extranjera" constituye una primera ruptura con uno de los tabúes centrales de la sociedad patriarcal donde la mujer está vinculada al hombre, depende de él, y aparece al mismo tiempo como un cuerpo extraño, susceptible de ser rechazado. Una sociedad en la cual la mujer sola es socialmente "paria" , moralmente pervertida o "prostituta". Pues conviene recordar que la categoría "extranjera" cobra bajo la pluma de Flora Tristán una amplia acepción que equivale a mujer "marginada" o "excluida" por estar "sola", es decir "libre" y fuera de la "norma social".

 Aunque reconoce que existen varias categorías sociales de mujeres "solas y extranjeras", Flora Tristán tiende a encerrarlas todas en una misma categoría de género que de alguna manera vendría a sustituir la diferenciación puramente económica y social.

 El filantropismo social parte de la tesis rousseauniana de que el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo pervierte[14], y de las ideas  de las luces sobre el poder de la Virtud -término semánticamente asimilado por Flora Tristan al concepto de Amor- merced a la cual el hombre puede convertirse en el igual de Dios [15]. Y si puede ser así es tan simplemente porque en aquella época Flora Tristán considera el amor como "el aliento de Dios"[16].

 El caso de las mujeres abandonadas que caen en la prostitución es probablemente para Flora Tristán uno de los más aleccionadores y patéticos: "Muchas de esas mujeres desgraciadas han traído a París un corazón herido, pero puro, virtuoso; costumbres sencillas, ideas justas y cualidades sólidas. Sólo pedían hacer el bien, hacerlo completamente; pero esta sociedad que las ha rechazado, que las ha mirado con desconfianza, esta misma sociedad, en vez de socorrerlas como a hermanas, ha abierto precipicios debajo de sus pasos, en vez de ayudarlas a cumplir con sus deberes con esa escrupulosa exactitud que habrían puesto en ello, les ha enseñado el sendero del vicio cubierto con los colores más brillantes, el sendero del vicio como el único camino que les estaba abierto. Se ha burlado, con diabólica sonrisa, de su repugnancia a seguirlo, y las ha puesto en la cruel alternativa, o de degradarse a sus propios ojos, o de perecer de miseria, calumniadas por los propios seductores que procuraban perderlas"[17].

 En su implacable requisitoria, Flora Tristán insiste particularmente en el carácter demoníaco de la exclusión social de la mujer en un mundo donde van triunfando los valores negativos, o a-morales, del materialismo positivista[18].

 Por ello confía en el poder de la inteligencia humana, en la instrucción que puede derivarse de los viajes, en la cultura y en la educación para retornar al estado de bondad original. Esta es la idea que está en base a la creación de una "sociedad para las mujeres extranjeras" y esto es lo que determina el contenido de los estatutos que propone, como primera piedra de una sociedad de solidaridad y de mutuo socorro.

 Al mismo tiempo Flora Tristán inscribe su acción en el marco de un realismo social anclado en la  exaltación y práctica diaria de valores éticos correspondientes a los valores tradicionales del judeo-cristianismo: "Lejos de nosotras la idea de soñar con una vida puramente metafísica; pero el hombre es un ser a la vez físico y moral, y nunca será feliz sino cuando actúe según las necesidades de su doble naturaleza", dice Flora Tristán antes de agregar: "Las ventajas que resultarán de la asociación que venimos ofreciendo se extenderán a todas las clases de la Sociedad. Las mujeres se harán más instruidas, menos frívolas, más grandes, más amantes; los hombres serán mejores, más fuertes aún, y más potentes a hacer el bien; pues la felicidad duplica las fuerzas morales destruidas por el sufrimiento, como la salud aumenta las fuerzas físicas"[19].

 Observamos a lo largo del discurso de Flora Tristán una constante sobrevaloración del humanitarismo filantrópico, sostenida en un vocabulario religioso que pertenece al campo semántico del judeo-cristianismo. Y es en esta sobrevaloración donde se nota mejor el elitismo intelectual que condiciona buena parte de la expresión escrita  y donde se develan las contradicciones internas de un pensamiento que percibe las manifestaciones externas de los fenómenos discriminatorios probablemente más de lo que entiende sus mecanismos internos[20].

 Recordemos al respecto cómo trata Flora Tristán a las tres categorías de mujeres que distingue en Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras, a saber: las mujeres que emprenden viajes con el fin de instruirse y divertirse y que son las más ricas y distinguidas, las mujeres que viajan por razones de negocios personales, y las mujeres que viajan para huir de una desgracia y que son las más pobres e ingenuas. Si la segunda categoría deja de algún modo indiferente, o casi indiferente, a Flora Tristán, la primera en cambio -en la cual se incluye a sí misma-  suscita en ella admiración y respeto, mientras que la tercera le merece tan sólo piedad y compasión.

 El fenómeno se repite bajo formas más sutiles en Peregrinaciones de una paria. Cuando Flora Tristán describe el comportamiento de las peruanas, arequipeñas y limeñas no puede esconder su profunda admiración por las mujeres fuertes e inteligentes de la aristocracia, como muestra el elogioso retrato de la mariscala Francisca de Gamarra, esa "criatura de élite" muy superior a su marido Presidente, y que ejerció "un poder absoluto en medio de una organización republicana" y en quien Flora Tristán celebra, al fin y al cabo, los valores tradicionales de la sociedad patriarcal [21].

 No deja de ser curioso tampoco -y al mismo tiempo revelador de su condicionamiento socio-cultural[22]- que después de lo que ha visto, observado y sufrido en el Perú como la arrogancia de la oligarquía criolla, el maltrato a las mujeres y a los desheredados, Flora Tristán, a su regreso, lamente en Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras  el hecho de que vayan desapareciendo esas "costumbres patriarcales" del Nuevo Mundo que hicieran la admiración de los viajeros europeos y provocaran el deleite de los lectores del Viejo Mundo.

 Esta actitud ambivalente plasma en los reiterados llamados a las virtudes de la filantropía que, en el fondo, no son más que la reformulación social a nivel colectivo, de los valores de amor y caridad de la religión cristiana  que actúan a nivel individual; o más bien la reformulación de la proyección social de esos valores encarnada en el gastado y todavía vigente paternalismo de la sociedad feudal europea y de la sociedad colonial americana del cual Flora Tristan no puede sustraerse.

 "Seamos filántropos y aliviemos a las mujeres, pues las mujeres son la poesía, son el arte en el género humano, y sin poesía, sin arte, no puede haber nada perfecto"[23] , exclama significativamente la escritora.

 Más allá de su carácter humanista y voluntarista este llamado a la filantropía encierra también implícitamente un fondo genéricamente discriminatorio, y en parte contradictorio con la visón del hombre "igual de Dios" a través de la práctica virtuosa y del amor a la que se refería anteriormente [24].

 Si, efectivamente, "las mujeres son la poesía, son el arte en el género humano" y si "sin poesía, sin arte no puede haber nada perfecto", ¿qué significa esto concretamente sino que de los dos componentes que constituyen el género humano, sólo uno, la mujer, puede pretender a la perfección ? Y si el hombre, no puede acceder a la perfección, ¿cómo puede igualar la condición divina, cuando aquello que la define es precisamente la perfección?

 En realidad, a pesar de que Flora Tristán ubica su combate bajo el doble signo de la emancipación sexual de la mujer y de la emancipación social de los desheredados, hombres y mujeres, su discurso "socio-feminista" prioriza lo sexual y tiende a desplazar tan sólo el problema de la discriminación de género, reproduciendo de alguna manera, aunque en forma invertida, los fundamentos "racistas" que han permitido su asentamiento. Lo confirmará con meridiana claridad el uso de una expresión como "raza mujer" (race femme)[25] que aparece varias veces en Unión obrera ; expresión que da por sentada la diferenciación entre varón y hembra en la cual se ha fundamentado la discriminación de la mujer en la sociedad patriarcal.

 Vale la pena asimismo releer estas luminosas palabras de Peregrinaciones de una paria : "Dios ha dotado a la mujer de un corazón más amante, más abnegado que el del hombre; y si, como no cabe duda, honramos al Creador con el amor y la abnegación, la mujer tiene sobre el hombre una superioridad incontestable; pero es necesario que cultive su inteligencia y sobre todo que se haga dueña de sí misma para conservar esa superioridad"[26].

 Y tras señalar el poder de seducción maléfico de las limeñas, Flora Tristán agrega: "Sin embargo las mujeres de Lima gobiernan a los hombres, porque les son muy superiores en inteligencia y en fuerza moral. La fase de civilización en la cual se encuentra este pueblo está aún muy alejada de aquella a la cual hemos llegado en Europa. No existe en el Perú ninguna institución para la educación de uno u otro sexo; la inteligencia no se desarrolla allí sino por sus fuerzas nativas: así la preeminencia de las mujeres de Lima sobre el otro sexo, por inferiores que sean desde el punto de vista moral estas mujeres a las europeas, debe atribuirse a la superioridad de inteligencia que Dios les ha concedido"[27].

 El cuestionamiento de los valores de la sociedad patriarcal, la reivindicación de derechos iguales entre hombre y mujer, la lucha por la emancipación y libertad de la mujer, tanto en el campo privado, como familiar o público, en el campo sexual como social no pueden ocultar sin embargo que el discurso "feminista" de Flora Tristán, al contentarse con invertir la vieja dicotomía superioridad/inferioridad en que se fundamentaba el discurso machista, deja intactos los mecanismos discriminatorios de género.

 Diré inclusive que varios episodios de Peregrinaciones de una paria  y algunas cartas que Flora Tristán le dirige a su amiga Olympe Chodzko en las que se transparenta cierta ambivalencia en el campo de los sentimientos, pueden interpretarse como una prueba de que la ruptura con la norma o el tabú -el del amor consciente o inconscientemente homosexual en el caso de las cartas[28]- no implica siempre el rescate de valores femeninos negados por la sociedad patriarcal, y traduce, a veces, tan simplemente el deseo de apropiarse y reorientar los valores que rigen dicha sociedad, más que de cuestionarlos y destruirlos. 

 Conclusion

 En resumidas cuentas diré que lo más interesante del discurso "feminista" de Flora Tristán , es el hecho de que se enuncie desde la perspectiva de la mujer en el contexto globalizante de una doble filiación, peruana y francesa, y de una doble experiencia, americana y europea. Pertenece al primer gran momento de cuestionamiento del discurso histórico, social y sexual tradicional.

  Y, como tal, a pesar de sus limitaciones, de sus ambigüedades y contradicciones explicables tanto por la situación propia de la escritora como por el contexto exterior de la época, contribuye también a sentar a su manera las bases de un nuevo acercamiento a la realidad humana, política, social y cultural que desde esa época constituye una de las preocupaciones centrales del viejo y del nuevo mundos.

 "Lo importante, escribe con razón Stéphane Michaud, es que las mujeres que contribuyen a modelar para nosotros el rostro del socialismo romántico, las Georges Sand, Pauline Roland, Jeanne Deroin, Flora Tristán y tantas otras entre quienes sería arbitrario escoger, salen progresivamente del anonimato y de la representación lagunaria en la cual se las ha mantenido durante tan largo tiempo. Como ellas, pero con rasgos propios, Flora se zambulle profundamente en su tiempo, participando de su efervescencia, de sus incertidumbres, de sus esperanzas. Avida de relacionar, de federar, llevada por una llama cuyo principio la sobrepasa, ha vivido más de una vida durante los cuarenta y un años de su existencia"[29].

 En este sentido y aunque los escritos de Flora Tristán  hayan tardado más de medio siglo en divulgarse en el Perú y América Latina, no vacilaré en afirmar que, pionera en el campo de la reivindicación feminista, como subraya con propiedad Magda Portal[30] al hacer de la mujer un sujeto activo en el campo de los cambios sociales, la obra de Flora Tristán  es también la que abre camino a una reinterpretación  y revaloración del discurso histórico y social en América Latina.

 

[1] "Como un buen número de sus contemporáneos, Flora Tristán ha sido maltratada por la vida. Desde su juventud se ha visto trasladada de una extremidad a otra de la fortuna. De los fastos conocidos en su niñez en la Calle Vaugirard, cuando su padre don Mariano recibía en su hermosa propiedad al joven Bolívar, pasó sin transición a la mediocridad de la existencia provinciana en los alrededores de Paris. El matrimonio con el grabador Chazal la sacó de su condición de obrera. Pero, ¿para qué provecho?, cuando el marido de limitados recursos y además brutal deja rápidamente desengañada a una joven muchacha aventurada y romanticona.[...] Despojada de sus derechos, despojada de sus sueños, Flora no lo está tan sólo a la muerte de Mariano en 1808, cuando la administración francesa expulsa a la niña y su madre de una casa sobre la cual no pueden hacer valer ningún derecho puesto que el matrimonio de los esposos es jurídicamente nulo. La situación se reproduce en 1834, cuando su tío peruano le niega el pleno reconocimiento que había venido a buscar en su familia paterna. Experimenta, por fin, en carne propia la fatalidad de este fraude legal cuando Chazal se esfuerza por quitarle el cuidado de los niños" (Stéphane Michaud. "Marginalité et contradiction chez Flora Tristan". In: Flora Tristan. Nécessité de faire un bon accueil aux femmes étrangères. Edition présentée et commentée par Denys Cuche. Ed. l' Harmattan, Paris 1988, p.124 -125).

[2] Publicado en francés con el título Les pérégrinations d’une paria  (Paris, 1837).

[3] Jules L. Puech escribe al respecto: " Aquel año de viaje y estadía en Perú había sido muy rico de enseñanzas. En aquella tierra lejana, había podido captar el contraste entre aquella vieja colonia española y Francia. Muy sensible al lujo, había sido a la vez seducida por el encanto de un medio aristocrático, pero desengañada por la futilidad, la beatería, la ignorancia de sus parientes cuya acogida, en definitiva, se traducía por una decepción: ya sabía que sólo podía contar consigo misma. Pero conocía ahora el ascendiente que ejercía sobre los seres que se le acercaban. Así más consciente de su fuerza, más segura de sus encantos, más conocedora de las pasiones humanas, iba a orientar su vida hacia la lucha social que animaban tal vez su ambición y seguramente su rebeldía sincera contra la injusticia del destino". La vie et l'oeuvre de Flora Tristán. Librairie Marcel Rivière et Cie, Paris 1925, p. 64. Véase también: Pierre Leprohon. Flora Tristán. Editions Corymbe, Antony (Paris),  1979, p.69-79.

[4] Flora Tristán. Union ouvrière. Edition des femmes, Paris 1986, p.204-205. Subrayado en el texto.

[5] "Durante mucho tiempo hemos viajado sola y extranjera, conocemos, por consiguiente, toda la desgracia de esa situación cruel. Nos hemos encontrado extranjera en París, en las ciudades de provincia, en los pueblos, en los balnearios. Hemos recorrido varias regiones de Inglaterra y su inmensa capital. Hemos visitado gran parte de América, y nuestras palabras no serán sino la resonancia de nuestra alma; porque  sólo sabemos hablar de las cosas que hemos sentido nosotras misma" (Flora Tristán. Nécessité de faire un bon acceuil aux femmes étrangères. Edition présentée et commentée par Denys Cuche. Editorial l' Harmattan, Paris 1988; p. 57).

[6] También publicadas en francés con los títulos: Mephis ou le prolétaire  (Paris, 1838) , Promenades dans Londres ( Paris, 1840)   y Union ouvrière (Paris, 1843)

[7] Así concluye:"Pero corramos la cortina con esta imagen de desgracia, de egoísmo, incluso diremos de barbarie de las civilizaciones modernas. Es suficiente observar que hay pocas modificaciones que hacer al cuadro que acabamos de hacer de Francia para apropiarlo a las demás naciones", agregando acto seguido: "En cuanto a América, veremos cuando publiquemos la pequeña relación de nuestro viaje por esas tierras, que cuanto más avanzan en la civilización europea, tanto más pierden su antigua hospitalidad. Esta virtud parece desaparecer bajo la cultura como los árboles de las selvas seculares, y  con pavor el viajero se preguntará algún día (un día que no está muy alejado si las cosas siguen andando con ese mismo paso) qué ha sido de las costumbres patriarcales, de esa hospitalidad de los naturales, de esa bondad del Nuevo Mundo que lo habían encantado al leer los relatos de los viajeros de los siglos pasados" (Ibid, p.67).

[8] "Una clase entera, que representa la mitad del género humano, forma parte de esos seres desgraciados que nuestra civilización condena a vivir en el dolor; y los hombres que no han ahogado la voz de su corazón sienten que se debe mejorar la suerte de las mujeres, de esa parte de la humanidad que ha recibido por misión de traer la paz y el amor al seno de las sociedades" (Ibid, p.55-56).

[9] "Se admite generalmente que la sociedad entera, y particularmente las mujeres, sienten la necesidad de mejorar la condición general, y de cambiar las costumbres sociales que ya no pueden convenir al desarrollo que el progreso le ha hecho alcanzar" (Ibid, p.56).

[10] Ibid, p.56.

[11] Véase: Roland Forgues. Mariátegui, la utopía realizable. Editorial Amauta, Lima 1995.

[12] Flora Tristán. Nécessité de faire un bon acceuil aux femmes étrangères,  p.56.

[13] Ibid, p.67.

[14]  "... el hombre no es malo por naturaleza y no puede complacerse en el vicio, pero nuestra sociedad lo ha hecho malo; y lo empuja al vicio"(Ibid, p.79). En Unión obrera, Flora Tristán  desarrollará la misma idea refiriéndose a la mujer del pueblo: "Las mujeres del pueblo suelen ser brutales, malas, a veces duras.- Es cierto;  pero ¿ de dónde proviene este estado de cosas tan poco en conformidad con la naturaleza dulce, buena, sensible, generosa, de la mujer ? " . Op. Cit., p. 195.

[15] “Por ello, nos atrevemos a decirlo, la realización de nuestro proyecto dará a conocer  al hombre su potencia ; cuando quiera apoyarse en la virtud. El hombre que ama se convierte en el igual de Dios”. Nécessité de faire un bon acceuil aux femmes étrangères, p.82

[16] "En 1833, el amor era para mí una religión, desde la edad de catorce años mi alma ardiente lo había deificado. Consideraba el amor como el aliento de Dios, su pensamiento vivificante, aquel que produce lo grande y lo bello"  Flora Tristán. Les pérégrinations d'une paria. Editions François Maspéro, Paris 1980, p.33.

[17] Nécessité de faire un bon acceuil aux femmes étrangères,p.65. En  Paseos en Londres, Flora Tristán retomará la misma idea escribiendo: "jamás he podido ver a una mujer pública sin ser conmovida por un sentimiento de compasión por nuestras sociedades, sin sentir el desprecio por su organización y odio por sus dominadores que extraños a todo pudor, a todo respeto por la humanidad, a todo amor por sus semejantes, reducen la criatura de  Dios al último grado de abyección ¡La rebajan por debajo de lo brutal! La mujer pública es para mí un misterio impenetrable... Veo en la prostitución una locura horrenda, o es en tal forma sublime que mi ser humano no puede tener conciencia de ello".

[18] "Y esta sociedad bárbara, indigna, más orgullosa de su cobarde triunfo que Lucifer de su belleza, ha agotado luego todos los recursos de su genio infernal en cerrarles cualquier salida, con el fin de que sus víctimas nunca pudiesen salir del abismo en el cual las había echado, sin ningún pudor, ninguna piedad" (Ibid, p.65).

[19] Ibid, p.82.

[20] Ello me parece además totalmente explicable si se considera la naturaleza autodidacta de la formación de Flora Tristán y el carácter incipiente de la reivindicación feminista.

[21] Les pérégrinations d'une paria. Editions François Maspéro, Paris 1980, p.366-377.

[22] En el campo de este condicionamiento socio-cultural es interesante recordar, por ejemplo que en Unión obrera, tras haber denunciado la falta de educación de la mujer y señalado  las consecuencias positivas que tendría la instrucción en los padres como la unión y felicidad en el hogar, el deseo de ganar más dinero para hacer regalos a los niños, Flora Tristán agrega que estos regalos podrían ser un "gorro" para las niñas y un "libro" para los niños. Op. Cit., p.208.

[23] Nécessité de faire un bon accueil aux femmes étrangères,  p.71

[24] Véase nota 15.

[25] Cf, por ejemplo, Op. Cit., p. 188 y p. 205.

[26] Flora Tristán. Les pérégrinations d'une paria,p. 335.

[27] Ibid, p.335.

[28] He aquí, por ejemplo, lo que Flora Tristán le escribe a su amiga el 1ero de agosto de1839:

"Sabe usted, mujer extraña, que su carta me da escalofríos de placer....

Dice usted que me ama - que la estoy magnetizando, que la pongo en éxtasis.

 ¿Quizás usted se esté burlando de mí?- Pero tenga cuidado- desde hace mucho tiempo deseo hacerme amar apasionadamente por una mujer.- ¡Oh! como quisisera ser un hombre a fin de ser amada por una mujer-  Siento, querida Olympe, que he llegado al punto en que el amor de ningún hombre no puede serme suficiente - ¿tal vez el de una mujer?... La mujer tiene tanta potencia en el corazón, en la imaginación, tantos recursos en el espíritu- Pero me dirá usted, no pudiendo existir la atracción de los sentidos entre dos personas del mismo sexo, ese amor canto apasionado  exaltado  con que sueña no puede realizarse de mujer a mujer - Sí, y no-  Hay una edad en que los sentidos se mudan de lugar, es decir que el cerebro lo abarca todo- ¡Pero todo lo que escribo le va a parecer locura!". Y Flora Tristán agrega: ""Ve usted, querida, que para mí el amor, digo el amor verdadero, no puede existir sino de alma a alma - y es muy fácil concebir el amor- dos mujeres pueden amarse con amor -dos hombres idem-". Flora Tristán. Lettres  (réunies, présentée et annotées par Stéphane Michaud). Ed. du  Seuil, Paris 1980, p.104-105.

[29] Op. Cit., p.138.

[30] Magda Portal. Flora Tristán precursora.  Empresa Editora Humboldt S. A. Lima, 1983 (1era edición, Chile 1944).

 

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