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Peregrinações de uma pária Flora
Tristan Introdução por Roland Forgues
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El discurso "feminista", social y político de Flora Tristan Flora Tristan nace en
Paris el 7 de abril de 1803. Es hija natural de Mariano Tristán y Moscoso,
coronel del ejército español, que pertenecía a la aristocracia arequipeña
del Nuevo Mundo, quien se casó religiosamente con la francesa Anne-Pierre
Laisney en Bilbao en 1802, antes de instalarse en Paris en 1803, pocos meses
antes del nacimiento de Flora. No hubo matrimonio
civil. De modo que en 1807 cuando el coronel Tristan y Moscoso muere súbitamente
en Paris, sin dejar testamento alguno, empezará para Flora
y su madre una vida muy difícil y azarosa. Flora se descubrirá apátrida,
'paria", como se llamará más tarde ella misma, “marcada por el sello
de la ilegitimitad”[1]. En 1820, es decir
muy joven, tendrá una experiencia de obrera en el taller del pintor y litógrafo
André Chazal con quien se casará en 1821 y de quien se separará en 1825,
estando embarazada de su tercer hijo. Algunos años más tarde, en 1833,
emprenderá un viaje al Perú en busca de un reconocimiento familiar y de una
herencia que le serán negados por la familia paterna quien no dejará de
considerarla como hija bastarda. Desengañada y sin
recursos económicos, Flora Tristan tendrá que regresar a Francia en julio de
1834. Allí redactará y publicará en 1837 su libro Peregrinaciones de una paria[2] donde relata esa experiencia rica y traumática a la vez que fue ese viaje
y su contacto con la aristocracia criolla arequipeña y la clase gobernante de
Lima. Si bien la mayoría
de los biógrafos de Flora Tristán y estudiosos de su obra han subrayado con
razón que la radicalización de su discurso "feminista", social y
político se produce precisamente a
partir de su viaje al Perú donde permanece de setiembre de 1833 a julio de
1834[3], conviene señalar también
que la toma de conciencia de la condición femenina y obrera se inicia en ella
más tempranamente como consecuencia de su precoz estado de huérfana de padre
, de su experiencia de obrera, de su fallado matrimonio; asimismo como
consecuencia de sus primeros contactos con los socialistas utopistas,
saint-simonianos y fourieristas, allá por los años 1830, y probablemente
también con los círculos feministas de la época animados por Louise Dauriat
o Egérie Casaubon. La ambivalente
experiencia de su viaje al Perú en que, por la intransigencia de su tío Don
Pío de Tristan, hermano menor del padre fallecido, se frustran sus afanes de
reconocimiento familiar y social en la aristocracia criolla arequipeña, le
permitirá, entre otras cosas, reflexionar a partir de una vivencia propia
sobre los problemas de identidad de género, los fenómenos de discriminación,
marginación y exclusión a la vez sexuales y sociales de la mujer que se dan
en las sociedades modernas dominadas por los hombres, y reclamar sin tregua ni
descanso la igualdad absoluta entre varón y hembra. "Reclamo
derechos para la mujer -dirá Flora Tristan
en 1843 en la Unión obrera-
porque estoy convencida de que todas las
desgracias del mundo proceden de este olvido y desprecio que hasta ahora se ha
hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer - Reclamo
derechos para la mujer porque es el único
medio para que se tome en consideración su educación y porque de la
educación de la mujer depende la del hombre en general, y
particularmente la del hombre del pueblo. - Reclamo derechos para la mujer
porque es el único medio de conseguir su rehabilitación ante la Iglesia,
ante la ley y ante la sociedad y porque es necesaria esta previa rehabilitación
para que los propios obreros sean
rehabilitados"[4] No me parece mera
casualidad que la primera publicación de Flora Tristán, a su inmediato
regreso del Perú, sea Nécessité de
faire un bon accueil aux femmes étrangères (1835) (Necesidad
de acoger bien a las mujeres extranjeras) , un modesto pero provocador
folleto que saca las conclusiones humanas, sociales y políticas de una
dolorosa aventura que se verá relatada dos años más tarde en Peregrinaciones de una paria [5]. Pero este modesto y
provocador folleto contiene también en germen las grandes ideas sobre la
emancipación de la mujer y del trabajador que se verán desarrolladas y
sistematizadas en las obras siguientes, Mephis
o el proletario , Paseos en Londres,
y Unión obrera [6]. En Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras, el discurso de
Flora Tristán trasciende la experiencia individual vivida en los mencionados
lugares, principalmente el Perú, para abarcar una experiencia colectiva de
género,
teorizada a escala mundial a partir de Francia. La misma Flora
Tristán lo confirma al hacer extensiva a las otras naciones del mundo,
incluidas por supuesto las naciones americanas, el caso de Francia para
denunciar la deplorable condición de la mujer en general [7]. Se trata de un
discurso que se desarrolla desde la triple perspectiva de una reivindicación
"feminista" sobre el estatuto y el rol de la mujer en las
sociedades modernas, una reivindicación social sobre la condición obrera, y
una reivindicación política sobre la construcción de una nueva sociedad
universal. Desde las primeras
líneas del documento la franco-peruana invierte la jerarquía de los valores
de la sociedad patriarcal tradicional otorgándole a la mujer la misión de
recomponer las sociedades divididas
y violentadas por la explotación [8]. Naturalmente los
cambios sociales serán analizados a lo largo de todo el trabajo desde el
punto e vista de la mujer considerada ya
no como objeto, sino como sujeto de la Historia. Flora Tristán ve a
la mujer, desde la perspectiva de género, como una categoría social de
alguna manera homogénea, víctima de las "costumbres sociales" y,
desde esta perspectiva, le atribuye el rol de agente principal del cambio económico
y social[9]. Más allá de su
carácter testimonial, el folleto participa del estudio sociológico y del
ensayo político."Nuestro propósito, aquí, no es hacer una brillante
utopía, describiendo al mundo como debería ser, sin indicar el camino que
podrá llevarnos a realizar el hermoso sueño de un Edén universal"[10], dice Flora Tristán . En una palabra, en
pleno auge del socialismo utópico, lo que procura formular la escritora es
"una utopía realizable", como la concebirá un siglo más tarde
Mariátegui[11], partiendo de lo que ella misma llama "una parte de la humanidad y de
sus desgracias", pero apelando fundamentalmente a la elevación de
conciencia de mujeres y hombres: " A las mujeres que no conocen, por
experiencia propia, la desgracia de esta posición; a los hombres que, a pesar
de todos los esfuerzos que puedan hacer, no podrán comprender cuán duro es
hallarse mujer sola, y extranjera;
a todos ellos dirigimos nuestras palabras y nuestro llamado. Nuestras ideas
nos son dictadas por la filantropía mejor sentida, nuestro propósito es
sano; por ello, lo esperamos, Dios nos dará palabras que tendrán eco hasta
el fondo de los corazones sensibles, de todas las almas generosas"[12]. Ella misma nos da
la clave de su búsqueda al escribir las siguientes palabras que pueden leerse
ya como una especie de manifiesto político en el que se procura conciliar
teoría y praxis, espíritu y materia, razón y utopía en el marco de una
reflexión sobre la realidad concreta: "Pero
basta de hablar de corazón; aquellos que son sensibles nos han entendido ya.
En nuestro siglo positivo, hay que dirigirse también a la inteligencia:
cuidado con ser confundida con esos metafísicos que sueñan más de lo
razonable; tratemos de hacer que nuestras teorías no sean asimiladas a las
utopías morales que se levantan por todas partes, y caen en seguida porque
los autores han carecido de previsión y de un espíritu matemático"[13]. Por ello el
discurso de Flora Tristan, directa o indirectamente condicionado por los
valores de la cultura judeo-cristiana que es la suya, oscila siempre entre el
radicalismo feminista, el filantropismo social y el elitismo intelectual. Desde el punto de
vista feminista, afirmar la "necesidad de acoger bien a la mujer sola y
extranjera" constituye una primera ruptura con uno de los tabúes
centrales de la sociedad patriarcal donde la mujer está vinculada al hombre,
depende de él, y aparece al mismo tiempo como un cuerpo extraño, susceptible
de ser rechazado. Una sociedad en la cual la mujer sola es socialmente
"paria" , moralmente pervertida o "prostituta". Pues
conviene recordar que la categoría "extranjera" cobra bajo la pluma
de Flora Tristán una amplia acepción que equivale a mujer
"marginada" o "excluida" por estar "sola", es
decir "libre" y fuera de la "norma social". Aunque reconoce que
existen varias categorías sociales de mujeres "solas y extranjeras",
Flora Tristán tiende a encerrarlas todas en una misma categoría de género
que de alguna manera vendría a sustituir la diferenciación puramente económica
y social. El filantropismo
social parte de la tesis rousseauniana de que el hombre es bueno por
naturaleza y es la sociedad la que lo pervierte[14], y de las ideas de las luces
sobre el poder de la Virtud -término semánticamente asimilado por Flora
Tristan al concepto de Amor- merced a la cual el hombre puede convertirse en
el igual de Dios [15]. Y si puede ser así es tan simplemente porque en aquella época Flora
Tristán considera el amor como "el aliento de Dios"[16]. El caso de las
mujeres abandonadas que caen en la prostitución es probablemente para Flora
Tristán uno de los más aleccionadores y patéticos: "Muchas de esas
mujeres desgraciadas han traído a París un corazón herido, pero puro,
virtuoso; costumbres sencillas, ideas justas y cualidades sólidas. Sólo pedían
hacer el bien, hacerlo completamente; pero esta sociedad que las ha rechazado,
que las ha mirado con desconfianza, esta misma sociedad, en vez de socorrerlas
como a hermanas, ha abierto precipicios debajo de sus pasos, en vez de
ayudarlas a cumplir con sus deberes con esa escrupulosa exactitud que habrían
puesto en ello, les ha enseñado el sendero del vicio cubierto con los colores
más brillantes, el sendero del vicio como el único camino que les estaba
abierto. Se ha burlado, con diabólica sonrisa, de su repugnancia a seguirlo,
y las ha puesto en la cruel alternativa, o de degradarse a sus propios ojos, o
de perecer de miseria, calumniadas por los propios seductores que procuraban
perderlas"[17]. En su implacable
requisitoria, Flora Tristán insiste particularmente en el carácter demoníaco
de la exclusión social de la mujer en un mundo donde van triunfando los
valores negativos, o a-morales, del materialismo positivista[18]. Por ello confía en
el poder de la inteligencia humana, en la instrucción que puede derivarse de
los viajes, en la cultura y en la educación para retornar al estado de bondad
original. Esta es la idea que está en base a la creación de una "sociedad
para las mujeres extranjeras" y esto es lo que determina el contenido de
los estatutos que propone, como primera piedra de una sociedad de solidaridad
y de mutuo socorro. Al mismo tiempo
Flora Tristán inscribe su acción en el marco de un realismo social anclado
en la exaltación y práctica
diaria de valores éticos correspondientes a los valores tradicionales del
judeo-cristianismo: "Lejos de nosotras la idea de soñar con una vida
puramente metafísica; pero el hombre es un ser a la vez físico y moral, y
nunca será feliz sino cuando actúe según las necesidades de su doble
naturaleza", dice Flora Tristán antes de agregar: "Las ventajas que
resultarán de la asociación que venimos ofreciendo se extenderán a todas
las clases de la Sociedad. Las mujeres se harán más instruidas, menos frívolas,
más grandes, más amantes; los hombres serán mejores, más fuertes aún, y más
potentes a hacer el bien; pues la felicidad duplica las fuerzas morales
destruidas por el sufrimiento, como la salud aumenta las fuerzas físicas"[19]. Observamos a lo
largo del discurso de Flora Tristán una constante sobrevaloración del
humanitarismo filantrópico, sostenida en un vocabulario religioso que
pertenece al campo semántico del judeo-cristianismo. Y es en esta
sobrevaloración donde se nota mejor el elitismo intelectual que condiciona
buena parte de la expresión escrita y
donde se develan las contradicciones internas de un pensamiento que percibe
las manifestaciones externas de los fenómenos discriminatorios probablemente
más de lo que entiende sus mecanismos internos[20]. Recordemos al
respecto cómo trata Flora Tristán a las tres categorías de mujeres que
distingue en Necesidad de acoger bien a
las mujeres extranjeras, a saber: las mujeres que emprenden viajes con el
fin de instruirse y divertirse y que son las más ricas y distinguidas, las
mujeres que viajan por razones de negocios personales, y las mujeres que
viajan para huir de una desgracia y que son las más pobres e ingenuas. Si la
segunda categoría deja de algún modo indiferente, o casi indiferente, a
Flora Tristán, la primera en cambio -en la cual se incluye a sí misma-
suscita en ella admiración y respeto, mientras que la tercera le
merece tan sólo piedad y compasión. El fenómeno se
repite bajo formas más sutiles en Peregrinaciones
de una paria. Cuando Flora Tristán describe el comportamiento de las
peruanas, arequipeñas y limeñas no puede esconder su profunda admiración
por las mujeres fuertes e inteligentes de la aristocracia, como muestra el
elogioso retrato de la mariscala Francisca de Gamarra, esa "criatura de
élite" muy superior a su marido Presidente, y que ejerció "un
poder absoluto en medio de una organización republicana" y en quien
Flora Tristán celebra, al fin y al cabo, los valores tradicionales de la
sociedad patriarcal [21]. No deja de ser
curioso tampoco -y al mismo tiempo revelador de su condicionamiento
socio-cultural[22]- que después de lo que ha visto, observado y sufrido en el Perú como la
arrogancia de la oligarquía criolla, el maltrato a las mujeres y a los
desheredados, Flora Tristán, a su regreso, lamente en Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras
el hecho de que vayan desapareciendo esas "costumbres patriarcales"
del Nuevo Mundo que hicieran la admiración de los viajeros europeos y
provocaran el deleite de los lectores del Viejo Mundo. Esta actitud
ambivalente plasma en los reiterados llamados a las virtudes de la filantropía
que, en el fondo, no son más que la reformulación social a nivel colectivo,
de los valores de amor y caridad de la religión cristiana
que actúan a nivel individual; o más bien la reformulación de la
proyección social de esos valores encarnada en el gastado y todavía vigente
paternalismo de la sociedad feudal europea y de la sociedad colonial americana
del cual Flora Tristan no puede sustraerse. "Seamos
filántropos y aliviemos a las mujeres, pues las mujeres son la poesía, son
el arte en el género humano, y sin poesía, sin arte, no puede haber nada
perfecto"[23] , exclama significativamente la escritora. Más allá de su
carácter humanista y voluntarista este llamado a la filantropía encierra
también implícitamente un fondo genéricamente discriminatorio, y en parte
contradictorio con la visón del hombre "igual de Dios" a través de
la práctica virtuosa y del amor a la que se refería anteriormente [24]. Si,
efectivamente,
"las mujeres son la poesía, son el arte en el género humano" y si
"sin poesía, sin arte no puede haber nada perfecto", ¿qué
significa esto concretamente sino que de los dos componentes que constituyen
el género humano, sólo uno, la mujer, puede pretender a la perfección ? Y
si el hombre, no puede acceder a la perfección, ¿cómo puede igualar la
condición divina, cuando aquello que la define es precisamente la perfección? En
realidad, a pesar de que Flora Tristán ubica su combate bajo el doble signo
de la emancipación sexual de la mujer y de la emancipación social de los
desheredados, hombres y mujeres, su discurso "socio-feminista"
prioriza lo sexual y tiende a desplazar tan sólo el problema de la
discriminación de género, reproduciendo de alguna manera, aunque en forma
invertida, los fundamentos "racistas" que han permitido su
asentamiento. Lo confirmará con meridiana claridad el uso de una expresión
como "raza mujer" (race femme)[25] que aparece varias veces en Unión
obrera ; expresión que da por sentada la diferenciación entre varón y
hembra en la cual se ha fundamentado la discriminación de la mujer en la
sociedad patriarcal. Vale la pena
asimismo releer estas luminosas palabras de Peregrinaciones
de una paria : "Dios ha dotado a la mujer de un corazón más amante,
más abnegado que el del hombre; y si, como no cabe duda, honramos al Creador
con el amor y la abnegación, la mujer tiene sobre el hombre una superioridad
incontestable; pero es necesario que cultive su inteligencia y sobre todo que
se haga dueña de sí misma para conservar esa superioridad"[26]. Y tras señalar el
poder de seducción maléfico de las limeñas, Flora Tristán agrega: "Sin
embargo las mujeres de Lima gobiernan a los hombres, porque les son muy
superiores en inteligencia y en fuerza moral. La fase de civilización en la
cual se encuentra este pueblo está aún muy alejada de aquella a la cual
hemos llegado en Europa. No existe en el Perú ninguna institución para la
educación de uno u otro sexo; la inteligencia no se desarrolla allí sino por
sus fuerzas nativas: así la preeminencia de las mujeres de Lima sobre el otro
sexo, por inferiores que sean desde el punto de vista moral estas mujeres a
las europeas, debe atribuirse a la superioridad de inteligencia que Dios les
ha concedido"[27]. El cuestionamiento
de los valores de la sociedad patriarcal, la reivindicación de derechos
iguales entre hombre y mujer, la lucha por la emancipación y libertad de la
mujer, tanto en el campo privado, como familiar o público, en el campo sexual
como social no pueden ocultar sin embargo que el discurso
"feminista" de Flora Tristán, al contentarse con invertir la vieja
dicotomía superioridad/inferioridad en que se fundamentaba el discurso
machista, deja intactos los mecanismos discriminatorios de género. Diré inclusive que varios episodios de Peregrinaciones de una paria y algunas cartas que Flora Tristán le dirige a su amiga Olympe Chodzko en las que se transparenta cierta ambivalencia en el campo de los sentimientos, pueden interpretarse como una prueba de que la ruptura con la norma o el tabú -el del amor consciente o inconscientemente homosexual en el caso de las cartas[28]- no implica siempre el rescate de valores femeninos negados por la sociedad patriarcal, y traduce, a veces, tan simplemente el deseo de apropiarse y reorientar los valores que rigen dicha sociedad, más que de cuestionarlos y destruirlos. Conclusion En resumidas
cuentas diré que lo más interesante del discurso "feminista" de
Flora Tristán , es el hecho de que se enuncie desde la perspectiva de la
mujer en el contexto globalizante de una doble filiación, peruana y francesa,
y de una doble experiencia, americana y europea. Pertenece al primer gran
momento de cuestionamiento del discurso histórico, social y sexual
tradicional. Y,
como tal, a pesar de sus limitaciones, de sus ambigüedades y contradicciones
explicables tanto por la situación propia de la escritora como por el
contexto exterior de la época, contribuye también a sentar a su manera las
bases de un nuevo acercamiento a la realidad humana, política, social y
cultural que desde esa época constituye una de las preocupaciones centrales
del viejo y del nuevo mundos. "Lo
importante, escribe con razón Stéphane Michaud, es que las mujeres que
contribuyen a modelar para nosotros el rostro del socialismo romántico, las
Georges Sand, Pauline Roland, Jeanne Deroin, Flora Tristán y tantas otras
entre quienes sería arbitrario escoger, salen progresivamente del anonimato y
de la representación lagunaria en la cual se las ha mantenido durante tan
largo tiempo. Como ellas, pero con rasgos propios, Flora se zambulle
profundamente en su tiempo, participando de su efervescencia, de sus
incertidumbres, de sus esperanzas. Avida de relacionar, de federar, llevada
por una llama cuyo principio la sobrepasa, ha vivido más de una vida durante
los cuarenta y un años de su existencia"[29]. En este sentido y
aunque los escritos de Flora Tristán hayan
tardado más de medio siglo en divulgarse en el Perú y América Latina, no
vacilaré en afirmar que, pionera en el campo de la reivindicación feminista,
como subraya con propiedad Magda Portal[30] al hacer de la mujer un sujeto activo en el campo de los cambios sociales,
la obra de Flora Tristán es
también la que abre camino a una reinterpretación
y revaloración del discurso histórico y social en América Latina. [1]
"Como un buen número de sus contemporáneos, Flora Tristán ha sido
maltratada por la vida. Desde su juventud se ha visto trasladada de una
extremidad a otra de la fortuna. De los fastos conocidos en su niñez en
la Calle Vaugirard, cuando su padre don Mariano recibía en su hermosa
propiedad al joven Bolívar, pasó sin transición a la mediocridad de la
existencia provinciana en los alrededores de Paris. El matrimonio con el
grabador Chazal la sacó de su condición de obrera. Pero, ¿para qué
provecho?, cuando el marido de limitados recursos y además brutal deja rápidamente
desengañada a una joven muchacha aventurada y romanticona.[...] Despojada
de sus derechos, despojada de sus sueños, Flora no lo está tan sólo a
la muerte de Mariano en 1808, cuando la administración francesa expulsa a
la niña y su madre de una casa sobre la cual no pueden hacer valer ningún
derecho puesto que el matrimonio de los esposos es jurídicamente nulo. La
situación se reproduce en 1834, cuando su tío peruano le niega el pleno
reconocimiento que había venido a buscar en su familia paterna.
Experimenta, por fin, en carne propia la fatalidad de este fraude legal
cuando Chazal se esfuerza por quitarle el cuidado de los niños" (Stéphane
Michaud. "Marginalité et contradiction chez Flora Tristan". In:
Flora Tristan. Nécessité de faire
un bon accueil aux femmes étrangères. Edition présentée et commentée
par Denys Cuche. Ed. l' Harmattan, Paris 1988, p.124 -125). [2] Publicado en francés con el título Les pérégrinations d’une paria (Paris, 1837). [3]
Jules L. Puech escribe al respecto: " Aquel año de viaje y estadía
en Perú había sido muy rico de enseñanzas. En aquella tierra lejana,
había podido captar el contraste entre aquella vieja colonia española y
Francia. Muy sensible al lujo, había sido a la vez seducida por el
encanto de un medio aristocrático, pero desengañada por la futilidad, la
beatería, la ignorancia de sus parientes cuya acogida, en definitiva, se
traducía por una decepción: ya sabía que sólo podía contar consigo
misma. Pero conocía ahora el ascendiente que ejercía sobre los seres que
se le acercaban. Así más consciente de su fuerza, más segura de sus
encantos, más conocedora de las pasiones humanas, iba a orientar su vida
hacia la lucha social que animaban tal vez su ambición y seguramente su
rebeldía sincera contra la injusticia del destino". La vie et l'oeuvre de Flora Tristán. Librairie Marcel Rivière et
Cie, Paris 1925, p. 64. Véase también: Pierre Leprohon. Flora Tristán. Editions Corymbe, Antony (Paris),
1979, p.69-79. [4]
Flora Tristán. Union ouvrière.
Edition des femmes, Paris 1986, p.204-205. Subrayado en el texto. [5]
"Durante mucho tiempo hemos viajado sola
y extranjera, conocemos, por
consiguiente, toda la desgracia de esa situación cruel. Nos hemos
encontrado extranjera en París, en las ciudades de provincia, en los
pueblos, en los balnearios. Hemos recorrido varias regiones de Inglaterra
y su inmensa capital. Hemos visitado gran parte de América, y nuestras
palabras no serán sino la resonancia de nuestra alma; porque
sólo sabemos hablar de las cosas que hemos sentido nosotras misma"
(Flora Tristán. Nécessité de
faire un bon acceuil aux femmes étrangères. Edition présentée et
commentée par Denys Cuche. Editorial l' Harmattan, Paris 1988; p. 57). [6]
También publicadas en francés con los títulos: Mephis
ou le prolétaire (Paris,
1838) , Promenades dans Londres (
Paris, 1840) y Union ouvrière (Paris, 1843) [7]
Así concluye:"Pero corramos la cortina con esta imagen de desgracia,
de egoísmo, incluso diremos de barbarie de las civilizaciones modernas.
Es suficiente observar que hay pocas modificaciones que hacer al cuadro
que acabamos de hacer de Francia para apropiarlo a las demás naciones",
agregando acto seguido: "En cuanto a América, veremos cuando
publiquemos la pequeña relación de nuestro viaje por esas tierras, que
cuanto más avanzan en la civilización europea, tanto más pierden su
antigua hospitalidad. Esta virtud parece desaparecer bajo la cultura como
los árboles de las selvas seculares, y
con pavor el viajero se preguntará algún día (un día que no está
muy alejado si las cosas siguen andando con ese mismo paso) qué ha sido
de las costumbres patriarcales, de esa hospitalidad de los naturales, de
esa bondad del Nuevo Mundo que lo habían encantado al leer los relatos de
los viajeros de los siglos pasados" (Ibid,
p.67). [8]
"Una clase entera, que representa la mitad del género humano, forma
parte de esos seres desgraciados que nuestra civilización condena a vivir
en el dolor; y los hombres que no han ahogado la voz de su corazón
sienten que se debe mejorar la suerte de las mujeres, de esa parte de la
humanidad que ha recibido por misión de traer la paz y el amor al seno de
las sociedades" (Ibid, p.55-56). [9]
"Se admite generalmente que la sociedad entera, y particularmente las
mujeres, sienten la necesidad de mejorar la condición general, y de
cambiar las costumbres sociales que ya no pueden convenir al desarrollo
que el progreso le ha hecho alcanzar" (Ibid,
p.56). [10]
Ibid, p.56. [11]
Véase: Roland Forgues. Mariátegui,
la utopía realizable. Editorial Amauta, Lima 1995. [12]
Flora Tristán. Nécessité de faire
un bon acceuil aux femmes étrangères, p.56. [13]
Ibid, p.67. [14]
"... el hombre no es malo por naturaleza y no puede
complacerse en el vicio, pero nuestra sociedad lo ha hecho malo; y lo
empuja al vicio"(Ibid,
p.79). En Unión obrera, Flora
Tristán desarrollará la
misma idea refiriéndose a la mujer del pueblo: "Las mujeres del
pueblo suelen ser brutales, malas, a veces duras.- Es cierto;
pero ¿ de dónde proviene este estado de cosas tan poco en
conformidad con la naturaleza dulce, buena, sensible, generosa, de la
mujer ? " . Op. Cit., p.
195. [15]
“Por ello, nos atrevemos a decirlo, la realización de nuestro proyecto
dará a conocer al hombre su
potencia ; cuando quiera apoyarse en la virtud. El hombre que ama se
convierte en el igual de Dios”. Nécessité
de faire un bon acceuil aux femmes étrangères, p.82 [16]
"En 1833, el amor era para mí una religión, desde la edad de
catorce años mi alma ardiente lo había deificado. Consideraba el amor
como el aliento de Dios, su pensamiento vivificante, aquel que produce lo
grande y lo bello" Flora
Tristán. Les pérégrinations d'une paria. Editions François Maspéro, Paris
1980, p.33. [17]
Nécessité de faire un bon acceuil
aux femmes étrangères,p.65. En Paseos
en Londres, Flora Tristán retomará la misma idea escribiendo: "jamás
he podido ver a una mujer pública sin ser conmovida por un sentimiento de
compasión por nuestras sociedades, sin sentir el desprecio por su
organización y odio por sus dominadores que extraños a todo pudor, a
todo respeto por la humanidad, a todo amor por sus semejantes, reducen la
criatura de Dios al último
grado de abyección ¡La rebajan por debajo de lo brutal! La mujer pública
es para mí un misterio impenetrable... Veo en la prostitución una locura
horrenda, o es en tal forma sublime que mi ser
humano no puede tener conciencia de ello". [18]
"Y esta sociedad bárbara, indigna, más orgullosa de su cobarde
triunfo que Lucifer de su belleza, ha agotado luego todos los recursos de
su genio infernal en cerrarles cualquier salida, con el fin de que sus víctimas
nunca pudiesen salir del abismo en el cual las había echado, sin ningún
pudor, ninguna piedad" (Ibid,
p.65). [19]
Ibid, p.82. [20]
Ello me parece además totalmente explicable si se considera la naturaleza
autodidacta de la formación de Flora Tristán y el carácter incipiente
de la reivindicación feminista. [21]
Les pérégrinations d'une paria. Editions
François Maspéro, Paris 1980, p.366-377. [22]
En el campo de este condicionamiento socio-cultural es interesante
recordar, por ejemplo que en Unión
obrera, tras haber denunciado la falta de educación de la mujer y señalado
las consecuencias positivas que tendría la instrucción en los
padres como la unión y felicidad en el hogar, el deseo de ganar más
dinero para hacer regalos a los niños, Flora Tristán agrega que estos
regalos podrían ser un "gorro" para las niñas y un "libro"
para los niños. Op. Cit.,
p.208. [23]
Nécessité de faire un bon accueil
aux femmes étrangères, p.71 [24]
Véase nota 15. [25]
Cf, por ejemplo, Op. Cit., p.
188 y p. 205. [26]
Flora Tristán. Les pérégrinations
d'une paria,p. 335. [27] Ibid, p.335. [28]
He aquí, por ejemplo, lo que Flora Tristán le escribe a su amiga el 1ero
de agosto de1839: "Sabe
usted, mujer extraña, que su carta me da
escalofríos de placer.... Dice usted que me ama - que la estoy magnetizando,
que la pongo en éxtasis. ¿Quizás usted se esté burlando de mí?- Pero tenga cuidado-
desde hace mucho tiempo deseo hacerme amar apasionadamente por una mujer.-
¡Oh! como quisisera ser un hombre a fin de ser amada por una mujer-
Siento, querida Olympe, que he llegado al punto en que el amor de
ningún hombre no puede serme suficiente - ¿tal vez el de una mujer?...
La mujer tiene tanta potencia en el corazón, en la imaginación, tantos
recursos en el espíritu- Pero me dirá usted, no pudiendo existir la
atracción de los sentidos entre dos personas del mismo sexo, ese amor
canto apasionado exaltado
con que sueña no puede realizarse de mujer a mujer - Sí, y no-
Hay una edad en que los sentidos se mudan de lugar, es decir que el
cerebro lo abarca todo- ¡Pero todo lo que escribo le va a parecer locura!".
Y Flora Tristán agrega: ""Ve usted, querida, que para mí el
amor, digo el amor verdadero, no puede existir sino de alma a alma - y es
muy fácil concebir el amor- dos mujeres pueden amarse con amor -dos
hombres idem-". Flora Tristán.
Lettres (réunies, présentée et annotées par Stéphane Michaud).
Ed. du Seuil, Paris 1980,
p.104-105. [29]
Op. Cit., p.138. [30]
Magda Portal. Flora Tristán
precursora. Empresa
Editora Humboldt S. A. Lima, 1983 (1era edición, Chile 1944).
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